Sobre el ‘cholandés’, el y el lenguaje de los tíos
El la Sierra Andina una gran parte de la población es de orígen indígena. En Bolivia más del setenta porciento de la población es Aymara o Quechua-hablante. En Bolivia se conocen las señoras indígenas, con sus trenzas, faldas enormes y su sombrero redondo (de origen inglés) como “cholas”. En el Perú y el Ecuador ser “cholos’ es un concepto más amplio y refiere a casi toda la población de altura, siendo indígena o mestiza. Una de las características de esta población es que el español es su segundo idioma. No lo dominan bien y lo mezclan con muchas palabras quechuas y lo hablan con intonación quechua. No es precisamente un defecto de lenguaje, sino un uso particular. Esta intonación contempla tanto una jota muy fuerte como un sonido sibilante en casi todas las palabras. Por ejemplo “Jjjovenesss, hay muchasss gentesss en este jjjirón, puesss”. El sonido de la jota se produce en la garganta, igual como lo hacemos los holandeses. Entonces, los holandeses tienen la habilidad de pronunciar palabras quechuas de forma impecable. Usándolas y combinándolas con el español como lo hablamos los holandeses (es decir sin uso de subjuntivo, mezclando el indefinido con el imperfecto, descuidados del género de las palabras) se ha desarrollado un nuevo dialecto bautizado “cholandés”, un variante del español ya conocido en el mundo de la cooperación internacional en la Sierra Andina.
Este ‘cholandés’ es seco y medio bruto como el holandés mismo. Hace poco uso de prefijos o sufijos. Así se distingue claramente de dos otras variantes del español: la lengua hablada por los ‘tíos’ y las ‘tías’ en los países andinos. Un tío o una tía es una persona mayor de los cuarenta años, que -por alguna razón misteriosa- les impulsa de asumir una otra forma de hablar. Los tíos demuestren su masculinidad, fuerza, dominancia y machismo por el uso de palabras fuertes y el uso frequente de prefijos como ‘hiper’, ‘hipo’ y ‘super’ y aumentativos exagerados. Por ejemplo: “Oye cabrón, me siento supermotivado para hacer esta pruebaza de este muchachón David”.
Qué diferente el estilo de hablar de una mujer de la misma edad. Ella habla un español lleno de dimunitivos, como una forma de expresarse cariñosamente. Los diminutivos se aplican en tanto los sustantivos, los adjetivos y los adverbios. Para un holandes el uso de dimunitivos en adverbios es inentendible. La tía diría por ejemplo: “Davidcito gordito, te preparo tu técito ahoríta, me falta hervir el aguita. Escuchame mi hijito, luegito de este examen no te demores regresar a la casita, no?”.
Conclusión: hay tantas formas de hablar el español que nadie ni siquiera nota que cometes errores, siempre y cuando hablas con certeza y convencimiento.
willem